La burocracia mexicanaLa burocracia de tipo ideal, como la planteaba el famoso sociólogo Max Weber, dista mucho de ser la burocracia que se aplica en México. El tipo ideal weberiano de burocracia tiene una connotación positiva ya que, según Weber, es el mejor método que conocemos los humanos para organizar estructuras cada vez más especializadas y extensas como las ramas de gobierno o las grandes empresas transnacionales. Pensemos por ejemplo en cómo los directivos de la Coca-cola organizarían su empresa sin el modelo burocrático o cómo el gobierno llegaría a todos los lugares y atendería tal cantidad de peticiones y trámites sin la burocracia estatal. La ventaja de la burocracia estiba en que es una forma de organización bien estructurada, regida y acotada por un marco normativo que imposibilita que las órdenes se salgan del camino de acción general, que con su jerarquización hace que los objetivos de la administración se cumplan y se filtren por todas las ramas de la superestructura. Pero como mencionamos esto es sólo la teoría de cómo debería de haber sido el modelo organizativo burocrático. La realidad es que es imposible que se lleva a la práctica tal como en la teoría y es entonces donde se contamina y se llegan a resultados muy poco deseables. En el caso particular de México, y de su forma de estructuración, la burocracia se ha deformado tanto que resulta ya repugnante. Los funcionarios públicos no asumen su carácter de imparcialidad y de diferenciar claramente sus bienes privados y los bienes públicos. La única manera, proveída por la ley y por el sistema, de evaluar la forma en que los burócratas (específicamente los funcionarios públicos) realizan sus actividades es verificando que cumplan con el “procedimiento”; no importa si logra o no los objetivos de búsqueda de bienestar general o de seguridad, con que hagan las cosas paso por paso como se expresa en el reglamento es más que suficiente, no se le puede exigir más. Puntualizaré con dos ejemplos lo que la burocracia ha llevado a lo que ya mencioné como extremos ridículos. El primero tiene que ver con el sector salud y, de hecho, puede generalizarse para cualquier rama de la administración pública. Suponga que un burócrata manda comprar 1,000 vacunas para inmunizar a los niños de una cierta región. Hace el trámite especificado en el reglamento, las compra, y olvida dejarlas en refrigeración por lo que las vacunas se echan a perder. Al día siguiente se aplican las vacunas pero ya sin efecto. ¿Cómo se evalúa al funcionario? Mediante su cumplimiento o no del procedimiento que le marcan a seguir: como compró las vacunas según las normas de adquisiciones y licitaciones y la administró en los tiempos previstos, su función se palomea como realizada correctamente. El funcionario ejecutó el procedimiento pero no logró los objetivos generales de la administración pública. El problema es que no hay otra forma de evaluarlo sino es en el carácter estrictamente objetivo del cumplimiento del procedimiento. Los recursos humanos y financieros se fueron a la basura, y así ocurre con millones de pesos diariamente en nuestro México si contabilizamos todos los sectores de la administración pública. El otro ejemplo ocurrió en la ciudad de México y tiene que ver con la burocracia corporativista, la de los sindicatos. Se compraron computadoras nuevas para la eficientización y modernización de la administración de la UNAM. Cuando las fueron a instalar las secretarias se negaron a usarlas ya que su contrato colectivo de trabajo las señalaba como mecanógrafas, por tanto, sólo era necesario usar máquinas de escribir. Las señoras sindicalizadas siguieron con su absurdo capricho y las computadoras se hicieron obsoletas en los almacenes de la UNAM pues como se compraron para ese uso administrativo no se les pudo redirigir a otra función puesto que así lo estipula el reglamento de compras. Mientras sigamos pagando horas-nalga en vez de horas-trabajo de los funcionarios públicos, principalmente sindicalizados, seguiremos teniendo estas lagunas en el sistema y seguiremos siendo igual de ineficientes en el uso de los escasos recursos públicos. Mientras sigamos apegados a un antiguo esquema de sindicatos y contratos colectivos de trabajo seguiremos creando una mano de obra ineficiente; lo que el papá rico chifla y sobreprotege a sus inútiles hijos, el sindicato atrofia a los trabajadores. Terminar, o al menos reducir al mínimo, las relaciones sindicales y desarrollar mejores métodos de control sobre el aparato burocrático son aspectos indispensables para construir un país práctico y funcional.
Posted on:Thursday, June 26, 2008by:
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Desgraciadamente el ejemplo que das de la UNAM refleja una triste realidad de nuestro México... REalidad qeu nos toca cambiar a nosotros.. Saludos